Se cerraron las aulas,

de polvo se bubrió el encerado

y, por fusiles, se cambiaron los libros;

apenas despiertan a la vida

y ya cambian el patio de la escuela

por el campo de batalla.

Finalizó el tiempo del juego,

al Limbo se fueron sus sueños...

¡¡DEBEN APRENDER A MORIR!!.

Niños soldados;

oscuro y triste rebaño

que, como a reses,

conducen al matadero.

La batalla tocó a su fin

y, cubriendo la hierba,

yacen sus cuerpos;

con sus ojos hacía el infinito

y, en sus ensangrentados rostros,

dibujado un rictus de miedo;

entonces, a réquiem, doblaran las campanas

por la inocencia interrumpida,

por la niñez asesinada

 

MI VOZ NUNCA CALLARA

MIENTRAS SIGA VIENDO

COMO, NIÑOS TODAVIA,

APRENDEN A MATAR,

APRENDEN A MORIR

OBEDECIENDO LAS ORDENES

DE UN LOCO SIERVO DE MARTE

CON LA GUERRERA CUBIERTA

DE MEDALLAS DE SANGRE

 

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